Chester

Sexo: Macho

Raza: Pastor Alemán X

Edad aproximada: 1 años

Tamaño: Grande

Miro su foto, la de la base de datos, esa foto se les hace a los perros al minuto de entrar con nosotros. No se parece en nada. Veo la foto y veo un perro confiado, con carita de circunstancia, pero con esperanza en los ojos.

Ahora me voy a su jaula, me siento delante de la puerta, los observo a todos y lo veo a él en una esquina de camas. Me cuesta verlo así que me tengo que mover un poco para verlo a través de la puerta de camas. Todos salen a saludarme, todos menos él. Él no me dirige ni la mirada.

No se en que hemos fallado como sociedad. He visto cómo los perros asustadizos mejoran, cómo van confiando en nosotros y cada vez se acercan más. He visto como perros con problema de conducta se les ha educado y encontrado una familia que siguiese con su adiestramiento. Cientos de perros se han dado en adopción delante mía, cientos se han ido al extranjero y otros cientos se han quedado aquí. Lo que nunca había visto ha sido a un perro perder nuestra confianza, un perro que cada vez que nos mira, nos mira con decepción. No sé qué le habrán hecho en su pasado, lo poco que lo habrán querido. Pero aquí estamos los voluntarios para ponerle voz, para gritar por él.

Me decido a entrar en la jaula, todos tus compañeros se han calmado ya, han dejado de prestarme atención y él ni siquiera ha levantado la cabeza. Cuando escucha el pestillo es cuando me mira, sabe que han llegado sus 30 minutos de patio, pero no le importa.

Bajo su atenta mirada me siento a su lado y empiezo a acariciarlo con una mano mientras con la otra intento quitarme a los demás perros de encima. Para mi sorpresa cuando paro de acariciarlo pega su cabeza a mi pecho pidiéndome un poquito más. Unos minutos más de tímidos mimos.

Me levanto para empezar a cogerlos a todos, ha llegado la hora de salir a patio. ÉL me mira pidiéndome un poco más de mimos pero no hace ni el intento de venir hacia mí. Sabe que, aunque no quiera salir en ese momento no nos lo puede decir, y sabe que ninguno se queda en jaula. Salen todos. Asique tengo que ir a buscarle de nuevo para ponerle la correa.

Una vez en el patio lo disfruta como ninguno, juega con su querida pelota como si no hubiese un mañana. Aprovecha la media hora para jugar todo lo que no puede el resto del tiempo.

Creía que era un perro poco cariñoso, pero en solo 5 minutos me ha demostrado que lo único que lo define es tener un corazón blandito con una carcasa endurecida por los golpes que le haya dado la vida. En tan solo 5 minutos me abre su corazón cada vez que nos vemos y me pide más y más cariño.

Chester se merece esa familia que lo entienda, que le vuelva a dar ese cariño que poquito a poco pide. Simplemente que le demuestre, al igual que he hecho yo, que el ser humano tiene paciencia y solo quiere lo mejor para él.

 

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