Robin

Sexo: Macho

Raza: Labrador X

Edad aproximada: 1 años

Tamaño: Grande

Existe un maltrato asimilado en nuestro país (uno más), un maltrato invisible, de los que hay cientos, seguramente miles y a mí me da angustia pensar que están sufriéndolo y nosotros sin saberlo, sin poder ayudarlos.

Son esos perros tirados en parcelas, en naves industriales. Perros condenados al abandono diario, a vivir sin un verdadero vínculo de confianza, a tener el recelo incrustado en los ojos. Y nadie se da cuenta que la mayoría de esos ataques tan graves de perros a humanos que salen en las noticias son de esos perros ignorados y muertos del asco, que lo único que saben hacer, pobres desgraciaditos, es defenderse de todo y de todos.

Luego están los débiles, a los que les falta confianza en sí mismos y que, ilusos, albergan algo de esperanza de sentirse queridos. Y como no sirven, los abandonan.

Y así llegaron Robin y su hermano al refugio. Por fortuna, William fue adoptado rápidamente pero Robin sigue con nosotros.

Es un perro tierno y dulce, sumiso y obediente. De esos que te miran a los ojos esperando continuamente que le digas qué hacer. Un perro necesitado de amor, de humanos. Y me lo imagino bajo la lluvia, bajo el calor desesperante, esperando. Menuda agonía.

A veces pienso que lo mejor que ha conocido en su vida es el refugio y entonces entiendo su felicidad en el patio, esas carrera y esos saltos. Entiendo que lo que más esperaba en su vida por fin lo ha conseguido, tanto amor. Entiendo que está aprendiendo a jugar, con la pelota, con otros perros. Entiendo su meneo de cola, sus intentos de abrazarnos, sus ganas de todo. Y lo miro y sonrío, aunque con pena. Porque su felicidad solo dura media hora y luego vuelve a una jaula, solito, con otros perros, pero sin sus humanos. Así que lo único que no entenderé nunca es como hasta ahora, nadie se dignó a tocarlo.

Tiene una energía tranquila aunque es un perrito joven y adora pasear, adora explorar, corretear y jugar, disfrutar en compañía.

Es sociable con perros aunque un poquito inseguro al principio. Cuando llegó con su hermano se hacía el valiente a la hora de conocer a otros perros, pero era simple fachada, un escudo para no demostrar que se moría de miedo y en cuanto le chistabas, obedecía y agachaba la cabeza. La verdad es que los demás perros se daban cuenta de su debilidad pues a los días empezaban a acosarlo y atacarlo, y él sin defenderse. Una vez se quedó solito sin su hermano en las nuevas presentaciones, se arrinconaba y temblaba, esperando ser atacado. Necesita ayuda y confianza, pues en cuanto se siente seguro a tu lado mueve su rabito ondeante entre perros desconocidos, sabe que contigo nadie le hará daño. También es sociable con gatos.

Lo hemos sacado a pasear al exterior e iba loco de contento, se subió al coche sin problema y paseó entre decenas de perros desconocidos, feliz por estar con su humano.

Es un perro bueno, noble, perfecto. Y creedme si os digo que cualquiera podría disfruta de ese amor que tiene por dar, infinito.
 
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